viernes, 12 de junio de 2015

EN UNA MANSIÓN RURAL

Drama en 5 capítulos



1

El automóvil avanzaba con rapidez por la            estrecha carretera flanqueada por una vegetación alta y tupida. Poco a poco los ocupantes comenzaron a contemplar, como si fuese una aparición espectral, la vieja mansión al final del camino. Se dieron cuenta que ya estaban cerca de la finca “La enramada”, una plantación de cacao venida a menos como la mayoría de los emporios agrícolas de Venezuela cuando apareció el boom petrolero.

La casona presidía desde una pequeña colina elevada las 10.000 hectáreas que constituían el amplio campo cacaotero. En aquellos días, toda la hacienda pertenecía al General Valladares. Antes había sido de su bisabuelo, general de la Guerra Federal y sucesivamente pasó por manos de su abuelo y de su padre.

Aunque ya no era productiva, era un sitio donde pasaba sus vacaciones, e incluso su padre vivió en “La enramada” los últimos años de su vida. Luego de su muerte, la recibió como herencia familiar.

Al acercarse a la casa, un hombre viejo salió a recibirlos presuroso. Era el fiel mayordomo quien vivía en un pequeño cobertizo vecino junto con su esposa. Avisado por el general de la llegada de unos visitantes, hizo los preparativos para recibirlos según sus instrucciones. La casa permanecía cerrada y solo Emilio atendía los asuntos que esporádicamente se presentaban. Como compensación, el General le enviaba una pequeña cantidad de dinero mensual para su salario y cualquier gasto que pudiese presentarse. Dada la influencia del General en los sectores militares, el ejército brindaba protección a la propiedad sin intervenir ya que en el sitio solo había un campo yermo y todo estaba en condiciones ruinosas. Del asiento delantero del carro se bajó Julián, de unos 60 años, pelo canoso, delgado pero con porte enérgico. Se acercó al empleado, le dio la mano y comenzó a conversar con él. Luego, como si se hubiesen puesto de acuerdo, el caballero le hizo señas al conductor para que acercara el automóvil a las puertas de la mansión.

 Al estacionarse el vehículo, Julián se aproximó para  abrir la puerta trasera. El conductor se unió a él y comenzaron a sacar el cuerpo inerme de una mujer, aparentemente dormida o quizás drogada, la cargaron y la llevaron dentro de la casa, mientras que Emilio veía impasible toda la operación.

O
scura, fría y misteriosa, la mansión rural se abrió para recibir a los visitantes. Estando dentro, el viejo mayordomo pasó delante y pidió al grupo que le siguieran al piso superior. Ascendieron por la escalera, otrora suntuosa, pero deteriorada por el abandono, se introdujeron por un amplio pasillo hasta la puerta que el anciano les señaló.

 Los hombres entraron a la habitación con la mujer que todavía yacía, y la  dejaron dentro. Momentos después salieron y bajaron presurosos.

Ya en el portal, Julián habló con Emilio para darle instrucciones, mientras el conductor traía del auto una maleta, que aparentemente contenía el equipaje de la dama. Julián se la entregó a Emilio, y luego sacó del bolsillo un rollo de billetes que comenzó a deshojar, dándole  al mayordomo una gran cantidad. El viejo asintió con la cabeza y nuevamente se dieron la mano. Julián se despidió, le hizo señas al chófer, se montaron de nuevo en el carro y se fueron.

 Emilio vio al automóvil alejarse mientras pensaba que no habían pasado ni quince minutos  y ya tenía una nueva responsabilidad que atender,

Aunque en realidad no entendía mucho lo que pasaba.


2.

De pronto vi como las llamas consumían las cortinas de mi alcoba y salté como un resorte de la cama. Estaba desnuda pero no me di cuenta en ese momento hasta que empecé a sentir el fuerte calor en mi piel. Traté de alejarme del fuego pero no tenía muchas opciones. El espacio era pequeño. Observé detrás de mí una puerta y quise abrirla pero no pude, el picaporte quemaba mis manos. Quise gritar pero la voz no salía de mi garganta. El pánico inicial se convirtió en desesperación. De improviso comencé a oír una voz que me gritaba: “Zorra! te quedarás encerrada hasta que yo diga”, y la voz soltó una gran carcajada, y siguió gritando: “No te volverás a acostar con ninguno de tus amantes!” y la risa se volvió más estridente y burlona… se escuchaba fuerte y lejana  como en eco… me volví pero no había nadie detrás de mí. “Julián?” musité. El corazón comenzó a latir de forma galopante como un caballo desbocado, y sentí además del calor, que el aire me faltaba… sentí desfallecer.

Desperté. Vi a mí alrededor y solo vi oscuridad y silencio. “Una pesadilla” pensé, pero al tomar conciencia me di cuenta que lo que estaba viviendo era una pesadilla peor. Solo sé que me llamo Cecilia y que estoy en este cuarto penumbroso, con cuadros extraños, y una lámpara triangular. Cuando estoy despierta y entre sopores me siento vigilada, y retumba en mis oídos la voz acusadora de Julián, igual que en el sueño desquiciante del cual acabo de despertar. Me siento deprimida,  no tengo ánimos de nada, abrumada por este terror psicológico al que estoy sometida, y que me anula. Oigo voces por el pasillo de afuera, y una mano introduce una bandeja, es la comida que diariamente me traen. No sé si tiene alguna droga o algo así, pero en este encierro no tengo más remedio que comer, me acerco y tomo la bandeja… como, y luego la dejo en el mismo sitio. Esto ha pasado estos tres últimos días.. solo espero que Julián aparezca y termine esta tortura.



3.

Julián era un militar retirado y tenía varios muertos en su haber. Al casarse con él hace 15 años, Cecilia  no lo sabía. En esa época era un hombre maduro y elegante, un oficial del ejército muy cotizado, y la conquistó con su trato gentil y sus detalles de hombre enamorado. Durante los primeros años, Cecilia presumía con sus amigas y familiares del maravilloso esposo que tenía: “Siempre lo tuve a mis pies”, decía,  porque conocía muy bien sus debilidades y quizás por eso se sintió siempre muy querida y confiada, hasta que todo cambió”. Cecilia no sabe qué pasó. Julián tenía que cumplir compromisos militares fuera de casa que a veces duraba varios meses, y así comenzó a sufrir los embates de la soledad. La depresión empezó a invadirla y se sintió decaída, y con ciertas ausencias mentales. También bajó de peso de manera alarmante, deliraba de noche y en esos delirios nombraba a sus amantes y, peor aún,  contaba detalles de sus andares mientras Julián estaba acuartelado. Por eso el militar la descubrió, y entonces la vida de cuento de hadas que había vivido hasta entonces, se acabó. Al enterarse, Julián pasó de la sorpresa a la histeria. No soportaba que una mujer tuviera las mismas atribuciones que él se había otorgado para sí, y su odio rápidamente lo convirtió en deseo de venganza.

Alquiló una mansión rural a uno de sus jefes, el General Valladares. Éste no le puso muchas condiciones, ya que  había permanecido deshabitada largos años, desde que uno de los hijos del general se ahogara en la piscina del patio posterior. Una vez todo listo, se las ingenió para drogar a su esposa, la levantó fácilmente de la cama, la montó en su automóvil y se la llevó hasta la casona del general.


4

-Julián-. La voz masculina retumbó a su espalda pero no alcanzó a reaccionar. Hacía una hora que habían llegado a “La enramada” y no podía dar crédito a sus ojos, viendo las ruinas de la habitación donde una semana atrás había dejado a su esposa.  

- Julián. - Nuevamente escuchó su nombre. Salió de su letargo y se dio la vuelta. Vio entonces al General valladares que le observaba con atención.

- ¿Te pasa algo, Julián? – repitió el General.

 - Yo no quería esto, no lo quería, Manuel yo la amaba, Manuel, yo la amaba! – afirmó entre lágrimas amargas.

- Sí, es una desgracia pero…

- Estaba totalmente loca, y yo me sentí traicionado, me entiendes, Manuel?

- Claro, todo eso me lo dijiste cuando te alquilé la casa. La depresión de Cecilia, sus infidelidades que la habían trastornado, que necesitabas aislarla para que descansara, para que reflexionara y cambiara su actitud, sin embargo…

- La amaba y todo lo hice por nuestro amor- confesó el militar apesadumbrado.

- ¿Estás seguro que lo hiciste por eso? No tenías intención de vengarte de sus devaneos, verdad? – interrumpió  el General con un dejo de carácter en sus palabras.

 - ¡Por supuesto que no! ¿Por qué piensas eso?

En ese momento Manuel valladares sacó un papel de su bolsillo. Tenía los bordes chamuscados pero todavía era legible.

-       Encontré esto en el piso de la habitación hace unos momentos.

-        ¿Qué? – dijo Julián sorprendido - ¿Es una nota de suicidio?

-        No exactamente- respondió el General. – Escribió algunas cosas de cómo se sentía en el sitio donde la recluiste.

-        Pero, ¿Cómo? ¿Dónde consiguió papel y lápiz para escribir?

Valladares sabía que a Cecilia la habían colocado en la ´´única habitación habitable que Emilio mantenía arreglada para cuando él fuera a visitar la hacienda, y recordó que siempre tenía un cuaderno de notas y un bolígrafo en la mesita de noche por si se le ocurría tomar notas. Debe ser que al dejar a Cecilia, no se acordaron de retirarlos, y ella lo encontró.

-       - Julián, eso no importa - replicó Manuel. – Ella se sentía no solo encerrada sino torturada psicológicamente, aterrorizada, lo cual, de alguna forma la hacía sentirse incapaz de luchar. Eso no fue lo que acordamos cuando me hablaste de esto.

-       Julián cambió su expresión de tristeza por la de temor,  al pensar que su ex comandante descubriese cuáles habían sido sus aviesas intenciones.

-       - No, no, Manuel ¿Cómo puedes pensar eso? – contestó buscando defenderse de las acusaciones.

-       - Yo no pienso nada, es Cecilia la que en esta nota habla de su  desesperación. La tenías drogada, verdad? Si no me lo dices le puedo preguntar a Emilio.

-       Julián se rindió y dijo:

-       Creo que no vale la pena negarlo, - dijo en voz muy baja, y volvió a encerrarse en la tristeza, y ya no habló más.

- Sabes que la policía investigará y seguro encontrarán que el incendio en la habitación de Cecilia fue un accidente o, tal vez, como sufría de depresión, pudo haberse suicidado. Pero, en lo que a mí respecta, fuiste tú quien la llevó a la tumba. - Se dio la vuelta y se marchó dejando solo a Julián con sus pensamientos y su dolor. Éstos le hicieron recordar entonces como la había tratado y domesticado, pero también ese dominio que ejercía sobre él en la intimidad. Podía serle infiel, acostarse con otras mujeres pero siempre volvía a su Cecilia.


5

Ya pasaron 6 meses de todos estos hechos. El General Valladares me los contó con lujo de detalles hasta lo que sabía. Me dio el papel donde estaba aquel texto escrito por Cecilia, donde desvelaba cómo fue su sufrimiento  en un momento de su encierro. La policía investigó y tal como vaticinó Valladares en su conversación con Julián, declararon la muerte accidental. Una vela encendida en la habitación fue la culpable, proporcionó la llama que prendió las cortinas, tal como en el sueño que narró Cecilia en el papel que me dio el General. Él escondió esa prueba a las autoridades… ya el sufrimiento de su exsubalterno fue suficiente para echarle leña al fuego. Lo último que supe de valladares fue que vendió la hacienda a un precio irrisorio antes de que el gobierno se la expropiara, y de Julián, no supe nada más. Yo sigo aquí en la Iglesia del pueblo, dando las misas y atendiendo a la feligresía. Emilio me contó algunas cosas el día que vino a despedirse y me sentí impulsado a escribir la historia de esta triste pareja que no alcanzó la felicidad y que encontró su triste final en una mansión rural.

8 comentarios:

Sussy dijo...

Muy bueno JM, pero me queda la duda, fue Julián quien incendió la habitación, no?, lo que a ella le pareció una pesadilla pasó en realidad, gran intriga, seguí escribiendo, lo haces muy bien
Cariños

jose manuel sarmiento dijo...

Sussy:
Antes que nada agradecer a tu paisana Liliana que ya ha comentado en este blog, quien generó la idea para desarrollar el cuento. Respecto a tu duda, parece que fue un accidente tal como determinó la policía. El General le echa la culpa porque la encerró en la mansión simplemente por venganza. Y lo del sueño, pues puede haber sido una premonición. Como ya sabes de mis cuentos, los cabos sueltos son para que el lector los ate con sus propias hipótesis.

MiriamL dijo...

José Manuel, que bien cuentas las historias, mira que ni sentí largo el cuento, quería saber el final, que muerte tan horrenda tuvo la pobre Cecilia, un castigo muy fuerte por su infidelidad, he ahí la diferencia entre sexos, ¿por qué Julián si podía ser infiel sin pasar por un castigo semejante?
Ese amor-odio no lleva a nada bueno, mejor es separarse y seguir cada uno por su camino, jajajaja, ya estoy tratando de cambiar el final, no me lo tomes en cuenta, jajaja.

Un cuento bien contado, ¡sí señor!

Chica ago- go dijo...

Felicidades!, buena historia, aunque me quedo la duda en que momento Cecilia paso de esposa fiel, a tener amantes, a volverse una persona con problemas depresivos, seria muy interesante. Muy ameno y emocionante, saluditos.

Liliana dijo...

Impredecible hasta el final... Te quedó fantástico el cuento, JM.
Ése Manuel no sería vos, ¿no? jaja!
Las historias de las parejas, mueren dentro de 4 paredes... Lo que se puede conocer desde las rendijas, sólo es una falsa apreciación de la Verdad.
Me encantó el cambio de narradores, y la ubicación del personaje del cura, como el semi-omnisciente que manejaba datos imprescindibles para la compilación de los sucesos.
Me encantó! No pude responderte ayer porque no podía acceder a la cuenta del 'comentario'.
Felicitaciones y abrazo! Gran trabajo, y todo tu potencial en marcha!!

Liliana de YR!

Patricia dijo...

Felicitaciones, querido amigo.
Tu cuento, abre el suspenso y la intriga desde el comienzo. La ambientación, los personajes, los diálogos, están muy bien logrados. Y lo más importante, no se puede dejar de leer con tal de conocer el desenlace.
Buen desenlace, sobre todo porque le da mucha credibilidad a la ficción, la primera persona del personaje que cierra con su testimonio.
Me estremece recordar los crímenes de lessa humanidad cometidos durante la última sangrienta dictadura militar argentina: a 39 años de su inicio, aún se siguen encontrando nietos apropiados por los genocidas que torturaban a las embarazadas, miles y miles siguen procurando saber dónde y cómo mataron a sus padres, los "subversivos". Los juicios por la verdad siguen vigentes: aún, cual Nuremberg del subdesarrollo pero Nuremberg al fin, se sigue juzgando a los genocidas que están ocultos y son descubiertos.
¡Cuántos personajes como el psicópata de tu ficción! Y cuántas víctimas.
Si bien tu cuento no trasciende a la esfera social, sino que queda en una historia oculta por el secreto de confesión y por siniestro silencio del General, enervan la sensibilidad: más allá de si fue accidental lo de la vela, subyace lo injustificable y lo horrendo de una injusa tortura, un femicidio. Y genera en mí repudio la pena al asesino.
¡Muy muy buen relato! Mi aplauso para vos, Maestro. Cariños.

Patricia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Hector Sanguina dijo...

Muy bueno el cuento Jose Manuel, te juro que vi la pelicula a medida que iba leyendo, y si no hay pelicula, debes hacerla, me gustaron los diferentes narradores , y la ambientacion, esas antigua mansiones en medio de la selva siempre presagian historias sorprendentes, me gusta tu manera de escribir, abrazo cordial j.M.- Dario.-